¿Podemos tener adicción a succionadores o vibradores?

Cuando algo nos gusta, nuestro cerebro libera, entre muchas otras, una sustancia que se llama “dopamina” (o neurotransmisor de la recompensa) que nos hace sentir felices y con ganas de repetir esa experiencia.
Por ejemplo, tenemos ganas de volver a comer chocolate, de ver otro capítulo de nuestra serie favorita o de volver a quedar con la persona que nos gusta…

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Más o menos esto es lo que pasa en tu cerebro…

 

Y esas ganas también se nos anticipan: cuando sabemos que vamos a salir de fiesta (y nos gusta) tenemos un subidón.
Dopamina al máximo y entusiasmo por lo alto.

Ahora, ¿Qué pasa si nos cancelan el plan a última hora? Nuestras expectativas quedan por los suelos y aún más abajo, la dopamina.

Bueno todos estos planes que nos producen placer nos pueden generar cierta adicción, precisamente porque los seres humanos somos “insaciables” y nuestro cerebro busca recompensas para que estemos de buen humor. Además, si eso que queremos no requiere mucho esfuerzo, resulta aún más adictivo.

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Cuando pensamos en los orgasmos en estos términos, el principio es exactamente el mismo: podemos desarrollar una adicción al placer sexual, y más aún si lo alcanzamos con juguetes eróticos.

Un vibrador y un succionador son juguetes que, con poco esfuerzo, nos regalan sensaciones potentes porque estimulan nervios de la vulva y del clítoris que responden concretamente a la vibración y a la presión (y al calor si el juguete tiene efecto calor).

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Eso significa que son como música para nuestros oídos, como colores para nuestra retina, como perfume para nuestro olfato o como un bombón para nuestro paladar.

Y es que los juguetes están diseñados para producir estímulos particulares que llaman la atención de nuestros nervios y estos producirán una respuesta nerviosa que se traduce en un mensaje para nuestro cerebro.
Ese mensaje se mezcla con muchos más estímulos internos y externos (p. ej., nuestro humor, deseo, estrés, si estamos en un lugar cómodo, si no sentimos dolor…) y puede tener como respuesta el orgasmo.

 

¿Eso significa que los juguetes son adictivos?

No. Igual que el móvil, una videoconsola, un libro o las galletitas Oreo no son necesariamente adictivos.

 

Entonces, ¿puedo disfrutar con los juguetes eróticos sin preocuparme?

Sí, absolutamente.
Cuando tenemos claro que los juguetes están hechos para que disfrutemos de ellos (sea a solas o en pareja) y que nos ayudan a enriquecer nuestra vida sexual, son los compañeros perfectos.

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¿Cuándo se vuelve un objeto adictivo?

Como toda adicción, cuando se vuelve un comportamiento invasivo, invalidante y compromete nuestra esfera personal, laboral y social.

Es decir, si nuestra vida empieza a cambiar condicionada por el juguete sexual: no salgo de casa para pasarme el día con el succionador, no quiero tener sexo con otras personas porque el succionador me lo hace todo, llego tarde al trabajo porque estoy con el vibrador…

El problema está en el porqué decidimos adquirir un juguete sexual: si me compro un juguete porque no sé tocarme o no sé llegar al orgasmo por mí mismx, delegaré toda la responsabilidad de mi placer a un objeto y, potencialmente, no sabré desengancharme de ese objeto que me da placer sin esfuerzos.

Ocurre lo mismo si lo compro porque no sé decirle a mi pareja qué me gusta y qué no: el juguete está llenando ese vacío llamado falta de comunicación, con lo cual me costará más desengancharme.

Lo mismo ocurre con el móvil: si utilizo un móvil porque me hace feliz usarlo para comunicarme con la gente, para subir fotos, etc., está bien.

En cambio, si lo utilizo para comunicar con la gente porque no sé hacerlo en persona, porque no tengo autoestima o porque necesito los likes de la gente para sentirme deseadx, ahí está el principal foco de la adicción.

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¿Por qué deja de darme placer?

Nuestro cuerpo, tras repetidas estimulaciones iguales, pasa por un momento de adaptación; es decir, ya no responde con la misma intensidad a ese estímulo.

Entonces necesitamos una pausa para volver a sensibilizarnos.

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Por ejemplo, cuando entramos en una habitación y hay un perfume particular, al rato dejamos de percibirlo porque nuestros nervios se han saturado y se han habituado a ese olor.

Para volver a olerlo, tenemos que salir un rato para “desintoxicarnos” o exponernos a una dosis más fuerte de ese perfume.

¿Te ha pasado que subes el nivel de vibración hasta 10 cuando antes era suficiente con el 2?

 

¿Es irreversible?

No, los nervios siguen funcionando perfectamente, no se pierden. Simplemente su umbral de respuesta ha subido mucho, pero volverá a bajar.

 

¿Cómo hago para no engancharme?

Lo primero es ser consciente de por qué utilizamos y disfrutamos con nuestro vibrador o succionador.

Si nuestra vida sexual, nuestro autoconocimiento y nuestra comunicación en pareja nos satisfacen y NO NECESITAMOS nada más, sino que TODO LO DEMÁS SUMA, SIN LLENAR VACÍOS, es probable que no desarrollemos adicciones.

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¿Qué pasa si ya estoy enganchadx?

Como con cualquier comportamiento adictivo, lo más importante es pasar por una abstinencia.
Ese tiempo de pausa del vibrador o succionador puede ser un buen momento para experimentar otras formas de llegar al placer: manos, fantasías, relatos eróticos, otros juguetes distintos, etc.

Todo esto nos dará herramientas muy valiosas, nos conoceremos más a fondo y nos cuestionaremos nuestro potencial erótico.
Además, estaremos ampliando nuestro repertorio sexual.

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Cuando se nos baje la fiebre del juguete, podemos volver a retomarlo, integrándolo con nuevas prácticas, sensaciones, estimulaciones…
Se trata de un entrenamiento de consciencia y límite.
Igual que, por mucho que nos guste, no nos alimentamos a base de pizza, sino que la alternamos y combinamos con otros platos.

 

Como ves, no es nada grave, siempre y cuando sepas identificar cuando el amiguin se te va de las manos.

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